LA

MADRE

El libro

Ethan Innsbruck, un joven de orígenes cubanos, tras una brillante carrera como analista en la CIA —primero— y como ingeniero en la base de lanzamiento de satélites Starlink de SpaceX, en Boca Chica (Texas) —más tarde—, se ve involucrado en una trama de espionaje que pretende apropiarse de la tecnología de producción de nanochips, cuya propietaria es la empresa más grande del mundo —TSMC—, radicada en Taiwán.

En 2030 —fecha en la que se desarrolla la trama—, el contexto geoestratégico global ha cambiado de forma sustancial: la Inteligencia Artificial se ha expandido a niveles antes inimaginables y las grandes potencias mundiales compiten por consolidar y aumentar sus posiciones de dominio en el globo terráqueo.

En Estados Unidos se ha implantado una nueva forma de democracia en la que todos los ciudadanos pueden participar de manera activa en las decisiones del Gobierno Federal y que da respuesta a las principales preocupaciones de los estadounidenses: resolver el problema de la corrupción y reducir drásticamente el gasto desmedido que genera la clase política. Para ello, han desarrollado un Gran Algoritmo al que han llamado La madre.

Doce personas, representadas mediante imágenes holográficas, forman El Directorio, que se encarga del Gobierno de los Estados Unidos desde que se produjo el relevo de la administración Trump a comienzos de 2029.

Son los designados por las grandes compañías tecnológicas americanas para el puesto, es decir, el grupo gestor que el Partido K prometió en las elecciones americanas que se celebraron a finales de 2028 y en las que K ganó por una amplia mayoría. Sus jefes respectivos no figuran, están en la sombra.

Todos ellos —excepto un robot humanoide llamado BINA 48— son Anons, individuos conectados mediante un implante Neuralink Plus de nivel 3 —el de mayor potencia— al sistema de Inteligencia Artificial Central QAnon —al que también se le llama La Madre—. Sus rostros no son los reales, sino una representación virtual de personajes que ellos mismos han elegido, y se identifican entre sí mediante acrónimos, no por sus propios nombres.

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—Y yo pregunto, o… mejor… yo exijo: ¿Dónde están los señores del Directorio que dirigen este país?… ¿Contando las montañas de dólares que han amasado desde que salió de la Presidencia nuestro querido y admirado Donald Trump?

¡¡¡America First!!! ¡Buenas noches y buena suerte, ciudadanos!

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La madre

Características de
«La madre»
de Max Saif

  • ISBN: 979-13-7035-673-6
  • Tapa blanda con solapas
  • 15 x 21
  • Páginas: 448

El Sancta Sanctorum de TSMC era una gran sala en la que solo unos cuantos técnicos trabajaban —Ethan pudo contar diez— y en la que todos, salvo uno, que destacaba por su EPI color negro con una insignia roja en el pecho y un arma en la cintura, iban vestidos con trajes de protección blancos desde los pies hasta la cabeza. «El del traje negro debe ser el jefe», pensó.

Como en la Sala Blanca de la fábrica de TSMC en el Parque Tecnológico de Hsinchu, grandes campanas extractoras limpiaban el ambiente de impurezas, y los niveles de temperatura y humedad se controlaban mediante dispositivos electrónicos.

En un lateral del recinto, había cadáveres humanos desnudos metidos en grandes envases transparentes, flotando en una sustancia amarillenta, y de sus cerebros salían múltiples cables finos que se conectaban a un panel electrónico, donde tecleaban frenéticamente los programadores bajo la supervisión del hombre vestido de negro. «¡Es increíble, están desarrollando sus propios implantes cerebrales, como los Neuralink del Grupo X!».

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 «La madre»
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